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También se murió Leonard Cohen. Ahora solo falta que este mismo año, más tarde, se muera Bob Dylan y quedamos listos. Nos conectamos tanto con los que escriben cosas que nos gustan que llegamos a sentir que eran nuestros amigos, y nos duele que se mueran. A otros les pasa con los políticos de su barrio, a otros con los futbolistas, a otros con los personajes de las telenovelas, a otros con los cantantes: parece que, en un sentido u otro, algún elemento del mundo hace que nos conectemos con completos desconocidos y los llamemos ‘amigos’ o ‘hermanos’ y se nos alegre el día cuando hacen algo bacano y se nos dañe cuando les pasa algo malo o se mueren. No sé si haya gente allá afuera sin conexiones profundas con completos desconocidos.

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