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La retórica del Gobierno se defendió de la campaña por el “No” diciendo que lo que esta pretende es una paz perfecta en oposición a la paz posible que se estaba negociando. Creo que esto es concederle demasiado a los que defienden el “No”. Con el cese al fuego que empezó hoy, el caso a favor del “Sí” es todavía más fuerte. Ahora no es cuestión de oponer un acuerdo de paz medio nebuloso y desconocido a la ya conocida contundencia retórica y militar contra “la guerrilla”. Ahora se trata de oponer un acuerdo completo, concreto, a una negativa abstracta que carece de propuestas para una nueva negociación.

La oposición radical al proceso de La Habana vino a desembocar en un Acuerdo Final que, por eso mismo, al decir de los opositores no incorporó las preocupaciones que tanto repitieron a lo largo de estos cuatro años: la preocupación por la impunidad, la preocupación por la conexión entre el narcotráfico y el delito político, la preocupacipón por la reparación integral, etcétera. Fuera del proceso y con un Acuerdo Final ya publicado, la campaña por el “No” se quedó vacía: contemplando objetivos sin ser capaces de detallar cómo los van a alcanzar.

Para empezar, la campaña por el “No” debe decir qué agenda pactaría inicialmente, qué plazos propondrían para la nueva mesa, quiénes conformarán el equipo y cómo lograrán reducir los beneficios que las FARC ya obtuvo. Dada una victoria del “No”, el capital político para negociar quedaría en sus manos y ellos serían los responsables de llegar a un mejor acuerdo. Ahora bien, esto puede persuadir muchos de los que contemplan en “No” sobre la base de que habrá una mejor palanca para negociar tras la derrota en las urnas del presente Acuerdo Final, no tan bueno desde su punto de vista. ¿Por qué es esto persuasivo?

En primer lugar, porque el uribismo ha mostrado tener gran efectividad eligiendo gente, pero menor capacidad administrando procesos de paz de la que tuvo el equipo liderado por Humberto de la Calle. En segundo lugar, porque, salvo un par de excepciones, los individuos más notorios del Centro Democrático empobrecen los debates cada que tienen la oportunidad al atacar a sus contradictores en términos personales, no propiamente políticos, y porque no debaten para el pacto sino para la ruptura. Siendo esta la alternativa real, es bien difícil pensar en las garantías que hay para la llegar a un mejor acuerdo que el actual. Para llegar a pactos, los principios irrenunciables sirven tanto como los martillos para atornillar.

De esta manera, el voto por el “Sí” no se puede pensar como lo menos peor dentro de todos los mundos posibles, sino como la mejor alternativa en el mundo real. No es una disputa de argumentos, sino de confianzas, y confiar en un mejor acuerdo bajo la responsabilidad de un nuevo equipo negociador administrado por el Centro Democrático está bien difícil.

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