Cuando no duele perder

Así como el 0-0 entre México y Brasil o el 2-2 entre Alemania y Ghana, el partido que jugó hoy Ecuador contra Francia que terminó en empate a ceros fue uno de esos partidos entretenidos y llenos de suspenso en los que además tiene uno la comodidad de no estar haciendo fuerza para que que el equipo de uno gane o no pierda. Sin embargo, con ese resultado Ecuador quedó eliminado del Mundial por cuestiones matemáticas que no estoy dispuesto a ponerme a explicar acá. Algo de lástima se sintió en este hogar por la eliminación de los hermanos ecuatorianos, a lo mejor precipitada por ese discursillo de los comentaristas de esta patria en el que tratan de pseudovincularnos a un equipo que tiene un entrenador o a un masajista de nuestra misma nacionalidad. Y aunque en las estadísticas oficiales del partido se puede apreciar una superioridad de posesión, ataque y precisión de Francia, se pudo ver que Ecuador hizo su máximo esfuerzo. Con un expulsado, el equipo de los hermanos ecuatorianos trato y trató de llegar al arco de Francia con todo lo que tenía, pero desafortunadamente para ellos la efectividad de la recuperación francesa y su propia inexactitud al entregar el balón les impidió anotar. En los últimos quince minutos, por ejemplo, más de una vez se sobrepuso el grito exaltado de la hinchada ecuatoriana en reacción a los ataques que amagó Ecuador y en una que otra ocasión en este hogar dijimos: “jueputa, Ecuador lo va a meter”, pero no, siempre erraban o los franceses lograban hacer un quite oportuno.

En el momento final vi el rostro resignado de Reinaldo Rueda y pensé que era la Selección Colombia la eliminada. Que era la Selección Colombia la comandada por ese gesto de resignación. Como vamos a quedar campeones mundiales, no vamos a tener que vernos comandados por ese gesto en el tiempo reciente. Pero de todas maneras  no debe ser insatisfactorio sentirse así viendo que no quedó más por dar, que uno perdió porque los otros de verdad lo superaron o porque los propios errores llevaron de forma evidente a la eliminación y a la derrota. Siempre queda la duda de qué hubiera pasado si las cosas hubieran sucedido de otra manera: en el caso de Ecuador, queda la duda de si hubiera pasado a segunda ronda si no se hubiera dejado ganar de Suiza en los últimos cinco minutos de su primer partido. Pero ellos mismos vieron con dignidad que fue su error y que su rival tuvo el acertado opotunismo de aprovecharlo y que por eso perdieron. Y poniéndome en esos zapatos me da la impresión de que así no duele perder.

 

2 pensamientos en “Cuando no duele perder

  1. Pingback: La zorra y las derrotas | General Entrescu

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