Al alcalde

Señor alcalde:

Pésimo mensaje envía a la ciudadanía posando de pingüinoide orgulloso junto a las autoridades eclesiásticas en la víspera de las celebraciones católicas de las marchas tenebrosas que tienen lugar año tras año sin vergüenza alguna de llamarlas ‘fiesta’, pese al significado que tiene esto hoy en la boca y oídos de los hablantes, y sin vergüenza de darle aires oficiales a una celebración que una pequeña porción de la población se empeña en mantener como tradicional de la ciudadanía. Pues ni fiesta ni oficial es, señor alcalde. Deberían darle vergüenza sus actos como mandatario. Lo que la ciudadanía quiere es días sin trabajo y vacaciones, y sus actos como gobernante se deberían ajustar a sus deberes constitucionales de hacer eso posible haciendo que haya plata, y no a la pantomima de un devoto que ni lo es ni lo quiere ser, no llegando ni a una mala caricatura de eso, y que tiene la sinvergonzonería de salir a los micrófonos a mentir diciendo que blablá libertad de culto y que blablá me encomiendo a Dios y que blablá que Dios los bendiga y me bendiga y nos bendiga y os bendiga. ¿Cuántos años tiene usted de conocer la libertad de culto, es decir, la verdadera libertad de culto? ¿Por qué no le presta a los musulmanes las calles del centro para que las besen o a los rastafaris para que hagan lo que saben hacer?

Pésimo mensaje salir en fotos y prestar las calles y dejar que nos invadan con sus ritos macabros, sus capuchas y figurines que impiden el paso por horas enteras a los que solo queremos seguir trabajando o, por decir cualquier cosa, caminando las mismas calles sin temor de ser muertos por un ladrón o tener que matarlo en defensa propia. Libertad de culto no es que les cerremos las calles a todas las religiones, o que calculemos el número de calles a que tienen derecho durante unas tantas horas al año según el número de cofrades carnetizados en cada culto existente, sino que cada culto disponga de sus sitios para exaltar las tinieblas o la sangre, o lo que quieran, pagando los impuestos que les corresponda a sus propiedades según sus ingresos y que soliciten los permisos de rigor cada vez que quieran cerrar una calle o invadir una plaza para cualquier actividad, por puritana que sea. Lo tienen que hacer los activistas de derechos humanos, también entonces lo deberían hacer estos cofrades, o del culto que sean, en lugar de tener acomodada y oficializada su invasión de cada año en el calendario.

Póngase la mano en el corazón, señor alcalde, y dígame si esto es o no una teocracia, o si usted quiere que lo sea, y entonces ponga sobre la mesa, si es que las tiene, sus intenciones quintacolumnistas. Puede que sea un simple acto de irresponsabilidad o necedad o ignorancia de sus funciones lo que lo hace aparecer pelando sus dientes en las fotos oficiales de una celebración religiosa, pero sea cual sea el caso debe usted reflexionar o poner su puesto a disposición del pueblo que lo eligió. Es usted bastante necio, se lo digo con firmeza, señor alcalde, pues sus actos recientes se ajustan perfecto a la definición de tal palabra que tiene la RAE: “Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber”. Sin meternos en lo que puede usted saber, porque eso es tanto como lo que yo puedo querer contarle sobre mi vida privada pero no quiero, fijémonos en el contraste de sus actos con lo que debe usted saber como ocupante de la silla de poder de este municipio. Eso sin mencionar, claro, sus actos arbitrarios en la gerencia de la infraestructura municipal, y hablando solo de los que tienen que ver con su respeto al principio constitucional fundamental de la libertad de los cultos frente a la ley, que debe usted saber para poder respetar. Tiñendo de oficialismo los actos religiosos del catolicismo solo logra hacer incompatibles sus actos con este principio, a que tengo derecho yo como ciudadano y está usted en el deber como gobernante a mi servicio de hacerlo respetar. Entró usted con sus actos recientes en la moda deplorable de dejar que el poder acabe con el seso, si alguna vez lo tuvo. Para el bien de todos los vecinos de este municipio, espero que modifique este patrón que ya en múltiples actos de gobierno veo que usted se enorgullece sin coherencia de encarnar. Practique su religión, lea los libros que le gustan, escuche la música que prefiera, vea las películas que mejor le parezcan sin hacer de su juicio sobre lo que mejor le parece el criterio de los valores públicos que su gobierno apoya.

Por último, felicito a sus funcionarios de salubridad —y por extensión, claro, la felicitación va para usted también, señor alcalde— que han impedido que los fieles consuman sendos pedazos de pescado putrefacto y que bien vinieron a impedir comerciar en beneficio de todos los consumidores de pescado, fieles y no. Tome esto como un ejemplo de buen gobierno, dedíquese a impedir que los ladrones roben, que los niños se embrutezcan, que las calles se averíen y que los jóvenes vivamos sin empleo. Aprenda de lo poco que ha hecho en beneficio de este municipio y salga mañana a gobernar como si fuera el último día de su campaña.

Sé que sus funcionarios están atentos a estas reconvenciones ciudadanas y que este mensaje le llegará, señor alcalde, así que ya sabe: estoy atento a sus actos.

Una muchedumbre en una noche de elecciones.

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