¿Conocimiento o certeza?

“Knowledge or Certainty” (Conocimiento o certeza) es el título del undécimo capítulo de “The Ascent of Man” (El ascenso del hombre), una serie británica de divulgación científica presentada por Jacob Bronowski. El capítulo compendia en unos 50 minutos reflexiones sobre la relación entre la ciencia y nosotros o, más bien, sobre nuestro uso de los contenidos de la ciencia. Todo gira alrededor de del rol que jugó la física en la producción de la bomba atómica y la responsabilidad que le cabe a la ciencia (¿qué es “la” ciencia?) en los horrores de la II Guerra Mundial. El capítulo comienza hablando de la incapacidad de los instrumentos de medición para describir (no ya explicar) un objeto de manera exacta. Se trata de un rostro. Su nombre es Stefan Borgrajewicz, polaco. Si una ciega lo palpa, tenemos una descripción; si un artista lo pinta, tenemos otra; si extraemos información de un radar, tenemos otra y otra si vemos la imagen de una cámara infrarroja.

Jacob Bronowski.

La idea que trata de presentar Bronowski con esto es que, aunque existe la ambición de representar exactamente el mundo material haciendo uso de las ciencias, debemos abandonar esta ambición si queremos evitar los usos de la ciencia para el patrocinio del horror. El lema de la reflexión se puede generalizar diciendo que aunque tenemos la ambición de alcanzar un mayor bienestar a través de un modo de razonamiento científico, debemos abandonar esta ambición si no queremos convertir la ciencia en patrocinadora del oscurantismo irracional. La clave está en qué quiere decir “ciencia” y “modo de pensamiento científico”. La ambición industrialista y el optimismo mandarín son cercanos a estos términos. Estas fuerzas han tenido el poder de convertir la ambición científica y en general toda práctica humana en instrumentos suyos para alcanzar un mayor progreso, sin importar qué haya que hacer para lograrlo. Este es el interés principal de Bronowski hacia el final del capítulo: presentarnos el horror nazi y el uso de la bomba atómica como actos patrocinados, no por la ciencia, sino por una lectura perversa del verdadero significado de la ciencia y de lo que debe considerarse como su uso correcto.

¿Conocimiento o certeza? Si la ambición de hacer descripciones exactas, perfectas de la realidad no puede ser satisfecha por la ciencia y si esto corresponde a una lectura perversa del verdadero significado de la ciencia, entonces la certeza científica es imposible. Pero de todas formas podemos decir que tenemos conocimiento. Lo que pasa es que la lectura que propone Bronowski del significado de la ciencia trata de derribar la intuición de que para que algo sea conocido debe ser conocido con certeza absoluta. A la certeza se opone el conocimiento, pues su idea es que en la naturaleza del conocimiento científico está su imperfección y su cercanía con lo aún no conocido. No es la ciencia, sino su aceptación acrítica y su separación del ámbito de la ética lo que patrocina el horror. Como divulgador, Bronowski hizo la tarea motivando a los futuros divulgadores, Sagan y Asimov a la cabeza, a poner en contexto el conocimiento científico, a relacionarlo con las urgencias sociales y con los desafíos éticos que enfrentamos cotidianamente.

La retórica del final del capítulo nos invita a considerar la contradicción de una ciencia meramente instrumental, una ciencia que acapara toda la racionalidad de la que somos capaces, con independencia de qué fin estemos persiguiendo con los avances que ella posibilita. La contradicción es que esta racionalidad antiséptica se convierte en irracional. Nos convierte en fantasmas o bien torturados o bien verdugos. (Silencio para la reflexión). Serie de fotografías de prisioneros de guerra. Abajo número, apellido y nombre. Parado en el antiguo campo de concentración de Aschwitz, dice Bronowski:

Se dice que la ciencia deshumanizará a la gente y la convertirá en números. Esto es falso, trágicamente falso. Miren por ustedes mismos. Este es el campo de concentración y crematorio de Aschwitz. Acá es donde la gente fue convertida en números. En este estanque se vertieron las cenizas de unos cuatro millones de personas. Y no fue hecho por el gas. Fue hecho por la arrogancia, fue hecho por el dogma, fue hecho por la ignorancia. Cuando la gente cree que posee conocimiento absoluto, sin examinarlo en la realidad, así es como se comporta. Esto es lo que la humanidad hace cuando aspira a tener el conocimiento de los dioses.

La ciencia es una forma muy humana de conocimiento. Siempre estamos en los umbrales de lo conocido; siempre vamos a tientas hacia nuestra esperanza. Cada juicio en la ciencia está en el borde del error y es personal. La ciencia es un tributo a lo que podemos saber aunque seamos falibles. A fin de cuentas, están las palabras de Oliver Cromwell: “Les suplico, por las entrañas de Cristo, considerar que están equivocados”.

La última foto, de Stefan Borgrajewicz, se disuelve en la foto de un número, un apellido y un nombre: 125558, Bor-Grajewicz, Stefan. Es una versión joven de quien se buscó describir al comienzo del capítulo. La ciega del comienzo del capítulo tenía razón: su rostro no es feliz.

(Esto es lo mejor del capítulo que la BBC nos deja ver)

Una vista superior de una prueba de una bomba atómica.

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