Comida

A mí me parece muy charro y muy aburridor al mismo tiempo que la comida que uno probó una vez no le sepa lo mismo todas las veces que se la mete a la boca y que esto pase por distintas razones, todas muy intrincadas como para uno que es un lego en cuestiones de percepción, y que uno no pueda controlar todas las variables, todas las cosas que influyen en cómo le sabe a uno la comida, porque a mí me parece muy importante que la comida le sepa a uno siempre igual, exactamente igual, que no varíe nada en sabor, que la gripa no afecte eso, me parece muy importante, porque siempre he tenido el proyecto de comer exactamente lo mismo todos los días, lo mismo al desayuno al almuerzo y a la comida y en la media mañana y en las onces. “Lo mismo” no en el sentido de arroz con huevo en todas las ingestas de comida, sino en el sentido de huevo con salchicha en todos los desayunos, fríjoles en todos los almuerzos y lo mismo en todas las comidas nocturnas. Es un proyecto muy bobo, yo sé, pero qué hago pues. Yo sé que le quitaría variedad a la vida, pero yo he tenido siempre ese proyecto. Es más: esta última semana he tratado de hacerlo. No me ha funcionado porque me han invitado a almorzar, he salido de paseo y entonces he comido en distintos lugares, y no he comprado exactamente la misma marca de cosas que estaba acostumbrado a comprar. Es que cuando dije más arriba que son muchas variables era verdad. Por ejemplo: se me acabó la mantequilla, entonces fui al Éxito a comprar margarina de soya marca Éxito, que era la que había antes y la que podía garantizar que mi proyecto de comer siempre lo mismo para que todo me sepa igual pudiera tener éxito. Surgió el inconveniente siguiente: solo tenía nueve mil pesos en el bolsillo y el producto costaba dos mil pesos más y no tenían en ese preciso momento una presentación más pequeña (así cobraran un poco más por gramo de margarina de soya yo estaba dispuesto) y no tenía mantequilla para hacer los huevos a la mañana siguiente y no podía ir a otro Éxito y un hombre solo puede contar con sus principios y con lo que tiene en el bolsillo o, mejor dicho, con la plata que tiene en el bolsillo. Así que compré otra marca y por lo tanto tenía que exponer los huevos y la arepa a otra mantequilla, con otro sabor, con distinta textura y todo eso modificaría el sabor. En parte ese es el problema: que hay muchas variables. El otro es que yo no tengo juicio anotando en una libreta las cantidades que utilizo para después usar esos datos y tratar de minimizar todo lo que más pueda las variaciones en el sabor de la comida que preparo y yo sé que eso es fundamental: medir las cantidades, ser metódico y riguroso, no salirse del margen. La razón es que el sabor es una sensación que tiene causas que pueden ser controladas. Si uno come exactamente lo mismo, las causas de la sensación serán las mismas y por lo tanto la sensación será la misma. Fácil. Pero no. Resulta que hasta en Frisby, que controla mucho mejor que yo el método de preparación de la comida, las cosas me han sabido diferente en distintas ocasiones. Una prima me dijo que la hamburguesa de McDonald’s, que es otra compañía famosa por controlar las condiciones de producción de la comida, le sabe distinto en la Usa que en Colombia. Yo creo que incluso en un caso de control absoluto de todas las condiciones de producción y de la misma estructura molecular de la preparación, con el tiempo a uno la comida le empieza a saber distinto, más maluco yo creo, porque uno se debe aburrir de comer siempre lo mismo. Qué proyecto tan güevón el mío.

Por estos días cambié de atún porque Alejandra me regaló unas latas de atún de una marca que yo no estoy acostumbrado a comprar, entonces el atún del arroz con atún ya no me sabe igual. Busqué en Wikipedia “Van Camp’s” (que de todas formas no es la marca que yo consumo) y resulta que el nombre de esa marca de atún viene del apellido de un empresario gringo del siglo XIX que creó una empresa de enlatados, un protestante que creó fortuna como que de la nada.

Postal de Van Camp’s, la antigua compañía gringa de enlatados, sacada de la galería digital de las bibliotecas de la Universidad de Miami.

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