Prioridades

El problema no es procrastinar. El problema es la falta de convicción en las prioridades que tenemos. Y como los escépticos son tan ingenuos, todo termina por irse al carajo con la primera decisión de una serie desafortunada que se toman al calor del momento, sin convicciones estables sobre cuál es la meta de mediano plazo que más nos satisface. Heme acá comprando los ingredientes para hacer buñuelos. Necesito maicena, pero me antojé de platanitos. Así que me gasto mil y pico en esos platanitos. Necesito queso pero me antojé de quesillo para una arepa con quesillo, así que me gasté cuatro lucas en el quesillo. Necesito huevos, necesito yucarina, necesito panela rallada, necesito una copita de aguardiente, necesito una moneda de cincuenta, necesito aceite, necesito cocacola. Con los huevos no me antojé de nada, con la yucarina tampoco, con la panela me antojé de aguapanela con limón, con el aguardiente me emborraché y seguí comprando aguardiente, con la moneda de cincuenta aposté y perdí, con el aceite tampoco me antojé de nada y la cocacola me la tomé porque tenía sed. Y heme aquí con estas ganas insatisfechas de buñuelos y con la barriga llena de basura. Iba a ir a comprar los buñuelos a la esquina, pero me gasté toda la plata. ¿Para qué fue que me comí esos platanitos, compré ese quesillo, hice esa aguapanela, compré ese cuarto de Antioqueño, me puse a apostar y me tomé la cocacola? Depronto la solución hubiera sido apegarme dogmáticamente como una vieja rezandera a la camándula de la receta de los buñuelos, no mirar para un lado comprando el queso ni las otras cosas, callar la voz frenética que siempre quiere algo nuevo a cada segundo y que no viene del televisor, ni del radio, ni de la pestaña de Facebook, o la de Twitter, que dicen (1) y que seguro es una maricada, callar la propia cabeza y elevarse y decir que por sobre todos los deseos de último momento y por sobre todas las urgencias que habiendo sido satisfechas me dejaron con este vacío, que por sobre todas las cosas yo lo que quiero son buñuelos hechos por mí mismo, así me queden malucos.

Un buñuelo que me dejé de comer una vez para tomarle una foto.

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